Gabinete de Trump conformado por ricos, duros, masculinos y conservadores

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“Este gabinete es una parodia. Hombres blancos y mayores que dirigen alguna compañía”, resume a dpa el periodista George Packer, que en su premiado ensayo “The Unwinding: An Inner History of the New America”

WASHINGTON (dpa) – Donald Trump pregonó a los cuatro vientos su intención de “acabar con la ciénaga de Washington” y defender a los trabajadores. Pero está llenando su gabinete de multimillonarios. Aunque echó pestes sobre Wall Street durante la campaña, su ejecutivo lo está formando con banqueros y ex banqueros, a los que suma viejos amigos, patrocinadores y antiguos rivales. De momento sólo hay un afroamericano y tres mujeres.

“Este gabinete es una parodia. Hombres blancos y mayores que dirigen alguna compañía”, resume a dpa el periodista George Packer, que en su premiado ensayo “The Unwinding: An Inner History of the New America” disecciona los cambios en la sociedad estadounidense de las últimas décadas. En su opinión, la característica esencial de este futuro Ejecutivo no es otra que la imprevisión.

Tres carteras irán para generales jubilados: Michael Flynn, que será asesor nacional de seguridad; James Mattis, quien podría convertirse en secretario de Defensa si el Congreso lo permite, y John Kelly, al que Trump quiere dar el Departamento de Interior. ¿Militarización de la política estadounidense? “Si esto sucediera en un país en desarrollo, Washington pondría el grito en el cielo como defensor global de la democracia”, escribe Gordon Adams en “The New York Times”.

Y es que según el catedrático emérito de la American University, los militares tienen otra visión del mundo. “Su experiencia les ha llevado a lo que algunos psicólogos llaman deformación profesional: una visión condicionada del mundo, estructurada, jerárquica, estratégica y operativa, centrada en el uso de la violencia militar”. Frente a ellos, los analistas, estrategas y diplomáticos civiles se concentran en enfoques más amplios.

Hay también quienes afirman que la elección de un general para el puesto de secretario de Defensa no necesariamente supone un mayor compromiso militar. “Los militares de alto rango saben que las guerras tienen consecuencias imprevisibles y generan fuerzas incontrolables”, opina el historiador experto en el Ejército Richard Kohn.

A primera vista, lo que comparten estos tres ex generales es su desacuerdo con las estrategias de su hasta ahora comandante en jefe, Barack Obama. Y una gran desconfianza ante Irán. Pero a diferencia de Flynn, Mattis y Kelly son claramente más moderados. Aunque el primero se haya ganado el apodo de “perro rabioso”, no encarna el estereotipo de general belicista y se manifestó a favor de aumentar el presupuesto del Departamento de Estado: la diplomacia debe ir siempre por delante de la guerra, afirmó.

Flynn, el futuro asesor de seguridad de Trump, encaja sin embargo en los que dividen el mundo entre el bien y el mal, sin espacio para los tonos grises. Calificó el islam de ideología política y en un discurso lo tildó de carcinoma maligno. Según afirmó, el miedo a los musulmanes es racional. Para Parcker, es el ideólogo más peligroso. “De lejos”, afirma. “Es el que me quita el sueño por las noches”.

Lo que indican los puestos presentados hasta ahora es una enmienda radical a la era Obama: en lo social, en la ciencia, en materia de cambio climático y medio ambiente, en salarios, en derechos de la mujer, en política sanitaria, en pluralismo, en integración… En todo. Y en este sentido, el vicepresidente Mike Pence es un ideólogo mucho más duro que Trump. Entre otros, tiene problemas con los homosexuales y sus derechos.

Jeff Sessions, previsiblemente futuro secretario de Justicia y fiscal general, era según un gremio del Senado demasiado racista para un cargo en la judicatura. Los defensores de los derechos humanos temen lo peor, entre otros un recrudecimiento de las ya elevadas trabas electorales a las minorías. Para sus detractores, Sessions es el antipluralismo personificado.

Después, al frente de Medio Ambiente estará Scott Pruitt, quien cree tan poco como el presidente electo en el cambio climático. Así, Estados Unidos está a las puertas de despedirse del Acuerdo de París. El Departamento de Trabajo recaerá en Andrew Puzder, jefe de un negocio de hamburguesas y asados que no cede una pizca por los derechos de los trabajadores ni siquiera a la hora de elevar el salario mínimo.

Además, en una especie de coronación del conflicto de intereses, el presidente del gigante petrolero ExxonMobil Rex Tillerson fue elegido por Trump como secretario de Estado. La compañía está presente en decenas de países en los cinco continentes y Tillerson mantiene tan buenas relaciones con Vladimir Putin que incluso Marco Rubio tuiteó que ojalá eso no fuera un atributo positivo para el puesto. De llegar a él, ¿se convertirá el mayor cargo diplomático del país en un facilitador comercial?

Tom Prince, uno de los mayores críticos del Obamacare, está llamado a ser secretario de Sanidad. El célebre neurocirujano afroamericano Ben Carson, que no da un dólar por la idea del Estado social, será el responsable del Departamento de Vivienda y, con ello, de la construcción de vivienda pública para millones de pobres. Y la futura secretaria de Educación Betsy DeVos lucha desde hace años contra la financiación de escuelas por parte del Estado.

“Los republicanos tienen su revolución legislativa”, escribe”The New Yorker”. “A cambio, ya no se oponen a que Trump no se deshaga de sus negocios. Su verdadero objetivo es el enriquecimiento personal”.

Por Martin Bialecki y Maren Hennemuth )

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FUENTE: dpa

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