INMIGRANTES DETENIDOS VIVEN EN MEDIO DE UNA GUERRA ENTRE PANDILLAS

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EL COLOR DE SUS UNIFORMES ES LO ÚNICO QUE LOS DIFERENCIA DE LOS MIEMBROS DE “NUESTRA FAMILIA” Y LA “MAFIA MEXICANA”

Quienes llegan a la cárcel para migrantes más grandes de la zona Pacífico, la de Adelanto, se clasifican en tres categorías fuera de los libros de las autoridades: “Norteños”, “Sureños” y el resto.

Más allá de los colores de sus uniformes (azul, naranja y rojo) que les asignan en base a su historial criminal, la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (ICE) debe separar a los integrantes de dos bandas rivales, “Norteños”, los pandilleros del norte de California, y “Sureños”, los del sur del estado.

Es la estrategia que usan las penitenciarías de esta entidad para reducir enfrentamientos violentos que incluso han concluido con fatalidades. La batalla entre dichas bandas lleva casi medio siglo.

Así, los indocumentados que no están afiliados a esos grupos terminan en medio de su guerra.

“Cuando entran a cada unidad ellos ya saben quiénes son ‘Norteños’ o ‘Sureños’, así es que tratamos de dejarlos separados y si no dicen después de que se pelean ya sabemos por qué”, dijo Oscar González, supervisor de ICE en el Centro de Detención de Adelanto, administrado por la empresa privada GEO.

Ahí no faltan las peleas entre enemigos, pero la violencia jamás ha escalado, asegura ICE.

En la cárcel de Adelanto, una ciudad al norte de San Bernardino y a 85 millas de Los Ángeles, los convictos de peor reputación (por haber cometido asesinatos, violaciones o secuestros) visten uniformes de color rojo y sólo pueden convivir con detenidos de traje naranja, los convictos por delitos de mediana gravedad, como violencia doméstica o agresión física.

Estos reos, subraya ICE, no pueden compartir celda con aquellos que -por ejemplo- esperan a que se apruebe una solicitud de asilo político y que portan uniforme de color azul.

“Si esto fuera una familia, los de rojo serían los adolescentes y los de azul, los niños pequeños. Los de rojo son más astutos en el proceso criminal y pueden tomar ventaja o ser una mala influencia”, indicó Jorge Field, subdirector de campo de la oficina de ICE en Los Ángeles.

Norteños y Sureños
Desde 1968, los pandilleros de origen hispano en el sistema penitenciario de California se separan de acuerdo a sus lugares de origen.

Y es que entonces surgió la pandilla carcelaria “Nuestra Familia” y su afiliada, “Norteños”, para enfrentar a la “Mafia Mexicana” y su grupo de choque, “Sureños”.

Los primeros usan el número 14 por la ubicación en el alfabeto de la letra N, sigla de “Nuestra Familia”. Los segundos se identifican con el 13, en referencia a la letra M, por “Mafia Mexicana”.

A lo largo de los años han perdido la vida decenas de integrantes de ambas pandillas dentro y fuera de las cárceles. El poder de los “Sureños”, no obstante, es mayor porque también tienen presencia en Nevada, Arizona, Nuevo México y Texas y están conectados con carteles mexicanos.

Hace unos días, en Adelanto, un detenido con la cara de pocos amigos no ocultaba un tatuaje en el pecho con la palabra “Locos”, que lo identificaba con una pandilla del Sur de California.

“Parte de la clasificación se hace por lo que los oficiales de ICE y GEO ven, de las preguntas que les hacemos, viendo los tatuajes, viendo su récord criminal, es un poco de todo”, explicó Field.

No está claro cuántos detenidos en las cárceles de ICE son pandilleros.

En el sistema penitenciario de California se estima que hay más de 800 miembros de pandillas, unos 900 asociados, más de 300 integrantes inactivos y alrededor de 1,000 que abandonaron ese estilo de vida.

Juego entre refugiados
Las recientes oleadas de refugiados provenientes de África, Asia, Centroamérica y el Caribe coinciden en el centro de detención de inmigrantes en Adelanto, donde se les ve compartiendo en el comedor, los dormitorios y en una cancha de futbol.

“¡Aquí! ¡Dale!”, gritaba en español un africano que hace unos días jugaba un partido de futbol disputado por dos equipos formados principalmente por inmigrantes hispanos.

En la tribuna, un grupo de detenidos de raza negra disfrutaba de la competencia deportiva, que se realizaba a unos 100 grados Fahrenheit.

Al regresar a los dormitorios, un joven centroamericano decía “soy bueno” en una variante de inglés, propio de alguna región de África. Delante de él, en la fila, un hombre negro negaba su afirmación.

“Ya agarraron el lenguaje”, comentaba sorprendido un funcionario de ICE.

Había unos 12 africanos en la unidad de reos de menor riesgo en Adelanto la semana pasada. Son un representativo de los que han llegado a Tijuana con la idea de solicitar asilo político a Estados Unidos.

“Es como una montaña rusa, en un momento hay muchos de Asia o de África, y luego otra vez de Centroamérica y México, sube y baja”, comentaba Field sobre los grupos de migrantes.

Con originarios de más de 70 países en un día común, Adelanto suele asemejarse a la Torre de Babel.

A la espera de su deportación mujeres bailan zumba
Hay dos mujeres cabizbajas en una celda pintada de un tono verde que no infunde esperanza.

Ellas visten la ropa con la que llegaron al sector para mujeres en el centro de detención para inmigrantes en Adelanto, en el desértico San Bernardino. Esperan el autobús que las llevará a la frontera con México, donde una vez empezó su sueño americano.

“Serán deportadas”, indica un funcionario de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (ICE) al otro lado del grueso cristal en la celda que permite ver a estas jóvenes de piel morena y baja estatura.

Desde febrero, este centro que una vez albergó a presidiarios bajo la custodia del estado empezó a recibir a mujeres migrantes, las que se acercaron a las garitas solicitando asilo político, las que tenían cuentas pendientes con ICE y las que luego de purgar una condena son expulsadas a sus países.

Divididas en dos unidades de acuerdo a sus casos y ofensas cometidas, hace unos días había 190 mujeres (11% de los migrantes detenidos) en este sitio operado por la empresa privada GEO.

“Necesitábamos el espacio, antes no teníamos lugar para las mujeres que cometieron crímenes graves”, explicó sobre el nuevo sector en Adelanto, Jorge Field, subdirector de campo de la oficina de ICE en Los Ángeles. “Casi en todo el país es difícil encontrar espacio para las mujeres”, agregó.

Este grupo, indicó, no solo trajo retos, sino la oportunidad desarrollar programas recreativos como clases de zumba, la popular rutina de ejercicios aeróbicos que usa ritmos latinoamericanos.

“La idea es mantenerlas ocupabas porque pasan mucho tiempo encerradas”, señaló Joshua Johnson, jefe de seguridad de GEO en Adelanto, la cárcel de migrantes más grande del Pacífico.

Pero no todas las detenidas participan en esa actividad, reconoce Johnson, señalando que las recién llegadas, como las africanas, ni sabían que el baile era parte de una disciplina fitness.

Comparten espacio
En Adelanto comparten espacio las migrantes que han huido de la violencia, a quienes se les pide vestir uniforme azul. Sus camas están en un área subdividida, sin puertas ni paredes, que da la apariencia de que se está en un refugio para desalojados de un fuego.

Sin embargo, las duras normas, las celadoras, la comida insípida, las visitas controladas y las puertas de acceso casi siempre cerradas recuerdan que se está detenido.

“Nos tratan muy mal, nos gritan mucho”, denunciaba una mujer de unos cincuenta años al paso de los reporteros. Ella vestía uniforme naranja, indicando que cometió un delito de mediana gravedad (como robo a vivienda o tiendas).

ICE recalca que si bien la norma de conducta es estricta, se respetan los derechos de los reos.

“La población femenina es más llevadera que la varonil, solo en la manera en como ellas se te acercan, no hay tanta agresividad”, dice Johnson observando una fila de mujeres que se disponían a desayunar.

Ese mediodía el menú era pollo acompañado de frijoles, papas y verduras.

Ni siquiera las mujeres que portan uniforme rojo (por haber cometido delitos graves) tienen el rostro tan duro como los varones en esa categoría.

En una sala de espera, una de ellas mostraba su expresión más angelical al ver a su hijo pequeño que la visitaba.

“¡Dame un abrazo!”, imploraba sonrojada esta madre con varios tatuajes en los antebrazos.

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Fuente:Notimex

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