NIÑOS NO ACOMPAÑADOS DE GUATEMALA RECIBEN ASILO POLÍTICO

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DESPUÉS DE UNA SEPARACIÓN DE DOS AÑOS, LOS PEQUEÑOS CRUZARON LA FRONTERA PARA REUNIRSE CON SU MADRE EN LOS ÁNGELES

Una sonrisa se escapa de las caritas de los hermanos Arleth Abigail y José Adrián Pocop al recordar que el mes pasado recibieron el asilo político que les permite permanecer legalmente en Estados Unidos y les abre el camino para convertirse en residentes y ciudadanos de este país.

“¡Estamos felices!”, responden casi al unísono.

Arleth Abigail, de 11 años de edad, y José Adrián, de 10, salieron de Guatemala en marzo de 2014. En ese entonces solo tenían 9 y 8 años. Una mujer coyote fue quien hizo el trayecto con ellos por todo México durante 15 días. Luego los entregó a un balsero en el río Grande que cruza la frontera entre México y Estados Unidos por Texas.

Después de una separación de dos años, los pequeños cruzaron la frontera para reunirse con su madre en Los Ángeles

“Durante el camino no nos dio miedo. La mujer que nos traía nos trató bien. Cuando nos dio miedo fue cuando cruzamos el río de noche. Íbamos mi hermanito y yo solos con el balsero. Al llegar del otro lado, nos dejó ahí. Nosotros nos agarramos de las manos y nos unimos a un grupo que ya estaba [ahí]”, recuerda Arleth.

Dice que comenzaron a caminar y hubo un momento que tuvieron que correr.

“En eso nos agarró la Migra y nos preguntó con quién veníamos. Le dijimos que solos”, cuenta la niña.

Dice que fue muy triste porque la separaron de su hermano.

“En el Centro de Migración a los niños y niñas nos ponen separados. Yo solo podía ver a mi hermano por una ventana pero sin que se diera cuenta porque me regañaban”.

De Texas, se los llevaron a un centro de detención para menores en Chicago, donde permanecieron alrededor de 15 días. Después los entregaron a una familia estadounidense, donde estuvieron con ellos en su casa como un mes pero ya juntos.

Su madre Vanessa Pineda, quien trabaja en la limpieza de cuartos de hotel en el centro de Los Ángeles, dice que ella mientras tanto vivía un suplicio.“Mi vida no era vida sin ellos”, confiesa.

“La coyote me dijo que ya los habían cruzado y hasta ahí llegaba su trabajo. Dos días después Migración me avisó que tenían a mis hijos y no volví a saber de ellos por muchos días. Ya cuando los entregaron a una familia, podía hablar con ellos por un minuto al día”, indica.

“Fueron semanas de mucha angustia. Me sentía súper triste, preocupada. No estaba tranquila. Pensaba que me los iban a deportar”.

Pero no fue así. Para mayo de 2014, las autoridades de Inmigración le pidieron comprarles un boleto de avión de Chicago a Los Ángeles.

“Me puse feliz de la vida. Bien contenta, hasta lloré. No lo podía creer que iba a estar con mis dos niños”, dice emocionada por los recuerdos.

Arleth, su hija cuenta que fue “mucha alegría” el reencuentro con su progenitora. “Yo también estaba muy feliz. Me gusta mucho estar cerca de mi mami y la escuela”, completa el niño.

La madre comenta que inmediatamente que tuvo a sus hijos fue a ver al abogado en migración Eric Price y éste solicitó el asilo político para los niños. Se los otorgaron el 17 de mayo pasado.

“Gracias a Dios y al abogado. Y es que quedarse en Guatemala, no era una opción. Yo salí en 2012 de mi país, y los dejé al cuidado de su abuela paterna. Los niños tenían 7 y 8 años.

Yo era viuda del padre de mis hijos. Mi esposo murió en un accidente en la carretera muy feo junto con otros trabajadores cuando un trailer se les atravesó. Fueron la inseguridad, la violencia y la falta de oportunidades lo que me hizo venir a Estados Unidos”.

Igual que a sus hijos al llegar, migración la detuvo por dos meses. Después la dejó reunirse con su madre quien ya vivía en Los Ángeles.

“Pero yo no estaba contenta con mis hijos allá en Guatemala. Estaba muy triste. Me hacían mucha falta y más cuando me enteré que la abuela no los trataba bien. No me les daba de comer, los dejaba en la calle y ella y su esposo se emborrachaban en frente de ellos. Mis hijos estaban viendo cosas que no debían. Decidí arriesgarme y mandarlos a traer”.

Al coyote le pagó 8,000 dólares. “Sí me dio miedo pero a la vez la persona que me recomendaron para traerlos me brindó mucha confianza”, precisa.
Sin embargo, reconoce que fue complicado sacar a sus hijos de la casa de la abuela.

“Yo le mandaba 250 dólares cada 15 días. Me había dicho que ni muerta me los entregaba”.

La madre ideó un plan con dos amigas y una hermana. Convencieron a la abuela de que les prestara a los niños para llevarlos a una fiesta infantil.

“Ya en el carro. Mis amigas les dijeron a los niños que iban para Estados Unidos a reunirse con su mamá. Me los pusieron al teléfono y así comenzó todo. Dejaron Guatemala con la ropa que traían puesta. Cuando la abuela se enteró, se puso furiosa y reportó el caso a la policía de Guatemala. Yo les expliqué que nadie se los había robado y que era su madre quien se los había traído”.

Han pasado dos años de que los hermanos llegaron a Los Ángeles. Arleth Abigail y José Adrián han ganado muchos premios y medallas por su desempeño escolar.

“A mí me gustaría ser dentista”, dice la niña; mientras, su hermanito afirma sin pestañear que quiere ser jugador de fútbol soccer.

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Fuente:La Opinion

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