Refugiados sirios varados en la frontera turca con frío y miedo

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Posted on February 8th, 2016

Si las puertas de Turquía se abren, muchas miles de personas más se encaminarán hacia la frontera. La gente simpatiza con Turquía, donde ya hay más de dos millones de sirios. Pero también hay una creciente demanda de que Europa se implique

Sobre el suelo embarrado y pese a las temperaturas bajo cero, miles de personas duermen a la intemperie o dentro de mezquitas. La seguridad que ofrece Turquía apenas está a un kilómetro de distancia pero, tras huir de los incesantes ataques aéreos rusos, los refugiados sirios se han topado con que la frontera está cerrada y se ven obligados a acampar al raso, a esperar.

Expuestos al viento y la lluvia, los hombres en un grupo y las mujeres en otros, las familias intentan encontrar algo de refugio bajo los árboles hasta que amenezca y envuelven a sus hijos en mantas para mantenerlos abrigados.

“La gente aquí sólo tiene la ropa que lleva. Muchos de ellos ni siquiera tienen bolsas. Huyeron con lo que llevaban puesto”, señala Anas al Jatib, un sirio de 20 años que confía en que las autoridades turcas cambien de parecer y le dejen entrar.

La ONU estima que unas 35.000 personas se encuentran en la frontera y en las localidades vecinas controladas por los insurgentes, tras huir de la últimas ofensiva del gobierno sirio que ha contado con el respaldo desde el aire de los bombardeos rusos.

Turquía permite que entre ayuda humanitaria, incluso tiendas de campaña, comida caliente y agua, lo que supone un sustento para las decenas de miles de personas. Pero no es suficiente y la gente ya se pelea incluso por el pan.

Al Jatib envió a su familia de regreso a su aldea, a pesar del riesgo de los ataques aéreos. Prefería que su familia durmiese a cubierto que estar expuesta a las gélidas temperaturas.

“La situación humanitaria aquí es trágica”, dijo Al Jatib en conversación telefónica. “La gente no se siente segura aquí en la frontera. Es peligroso aquí. Nuestra gente vive con miedo”.

A los refugiados les preocupan los recientes ataques aéreos y los bombardeos de las fuerzas del gobierno en el oeste del país, y también el posible avance desde el este de los extremista de Estado Islámico.
Se sienten atrapados entre dos ejércitos rivales y abandonados por sus aliados, entre ellos Turquía y Europa.

Hay una sensación de desesperación después de que las conversaciones de paz en Ginebra fracasaran y no lograran avance alguno esta semana. La oposición pedía el fin de los ataque aéreos como una de las condiciones para su participación.

En lugar de ello, los bombardeos de Rusia y el Gobierno de Siria sólo se han intensificado, ayudando a las fuerzas terrestres a arrebatar terreno a los insurgentes y las conversaciones se suspendieron.

“Nuestros amigos nos han fallado. Nosotros queremos una solución a esta guerra. Los europeos y los estadounidenses enviaron comida y tiendas de campaña, pero esa no es la ayuda de verdad que necesitamos”, dijo Mahmoud, cuya casa quedó destruida en un bombardeo hace dos semanas.

La semana pasada cruzó ilegalmente a Turquía con su madre, su esposa y su bebé de cuatro meses, Amina, que lleva siempre en brazos, arropada con una gastada manta en rosa y blanco. Los traficantes les cobraron 500 euros para sacarlos de Alepo, pero ahora esas rutas están completamente cerradas.
“Cada día hay explosiones diferentes. Cientos todos los días. Ataques aéreos, bombas racimo, munición de mortero, granadas”, rememora sus últimos días en su aldea, mientras toquetea una estufa de carbón en el pequeño sótano que ha alquilado.

Dentro de la ciudad de Alepo miles de personas están preparadas para huir, pero las decenas de miles que siguen allí temen que las partes bajo control rebelde sean conquistadas en los próximos días.

Si las puertas de Turquía se abren, muchas miles de personas más se encaminarán hacia la frontera. La gente simpatiza con Turquía, donde ya hay más de dos millones de sirios. Pero también hay una creciente demanda de que Europa se implique.

“Creo que Europa nos debería abrir sus fronteras, eso ayudaría. Turquía no puede acoger a todos. Hay demasiados refugiados”, asegura un activista en conversación telefónica desde la ciudad de Alepo
Mahmoud ahora está a salvo en Turquía pero siente un gran remordimiento por haber tenido que dejar su país. “Al final, si todo el mundo se va, el país se lo dejaremos al Daesh (en referencia al acrónimo en árabe de Estado Islámico)”.

Fuente:Diario las Americas

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