Venezolanos, tras el “sueño colombiano”

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Mientras un elevado número de colombianos de clase baja y media agotan sus esfuerzos por radicarse en países como Estados Unidos y España, el mismo fenómeno ocurre con una creciente cifra de venezolanos que espera vivir en el vecino país, lo que no dudan en denominar “el sueño colombiano”.

De hecho, cifras de la Cancillería colombiana permiten conocer que un promedio de 52 venezolanos llega diariamente a Colombia en busca de nuevas oportunidades de vida, en medio del caos generado por los desafueros del Gobierno de Nicolás Maduro y el chavismo.

Un estudio de la Universidad Central de Venezuela (UCV) estima que dos millones de nacionales venezolanos han dejado el país en los últimos 15 años, radicándose en países como Estados Unidos, España, Portugal y Colombia, que ocupa el cuarto puesto en ese ranking.

Sin embargo, tendencias recientes muestran que los nuevos requisitos para la obtención de visados en jurisdicciones distintas a Colombia, está obligando a más venezolanos migrantes a dirigir sus pasos hacia el vecino país, por razones de cercanía y nexos familiares.

Controles y estadísticas

Como respuesta a la ola de inmigrantes venezolanos, el Gobierno de Juan Manuel Santos impuso severos controles al ingreso de ciudadanos de la nación bolivariana, por las fronteras terrestres, generando voces de protesta que se escucharon incluso desde el mismo Palacio de Miraflores.

Aduciendo razones de “seguridad fronteriza”, desde hace algunos meses se está “solicitando pasaporte a ciudadanos extranjeros y el visado a las personas que lo requieran, sumado a todo el control de seguridad que la Fuerza Pública y la DIAN (Aduana) están ejerciendo para revisar que no haya salida ni entrada de mercancía”, dijo el delegado de la Cancillería de Colombia, Víctor Bautista.

A su turno, el director general de Migración del Gobierno colombiano, Cristian Krüger, justificó las medidas señalando que las acciones apuntan a “verificar y constatar que la categoría por la cual [una persona] ingresó a territorio nacional es, efectivamente, la que se está cumpliendo”.

Según cifras de esa oficina gubernamental, se observa un aumento significativo de los venezolanos que ingresaron con el fin de trabajar (318%) pasando de 4.601 a 19.214 registros de entradas en el año 2014.

Bondades que atraen

En virtud del buen momento por el que atraviesa la economía colombiana, y el descalabro en las arcas del estado venezolano, varias firmas de este último país han movido su infraestructura de producción hacia predios en Colombia.

Algunos estudios indican que las compañías más representativas, que hoy operan en Colombia con capital venezolano, son Farmatodo, Locatel y Alimentos La Polar, y también otras organizaciones como Proseín, Cobeca, Delcop, Decofruta, Dipromuro y Suelopetrol.

De igual forma, la estatalización de la industria petrolera llevó a los dueños de empresas y trabajadores del sector a buscar ‘refugio’ en Colombia, convirtiéndose ese país “en un importante centro de reclusión para profesionales venezolanos”. Solo en Pacific Rubiales Energy, esta petrolera tiene unos 200 empleados de esa nacionalidad.

Entre tanto, el fenómeno migratorio en ciernes deja entrever que un mayor número de venezolanos han solicitado cédula de extranjería colombiana. Entre 2007 y 2013 un total de 34.246 venezolanos iniciaron trámites legales para identificarse como colombianos nacionalizados, equivalente a un incremento de 181% en siete años.

El común denominador de las historias de venezolanos que hoy cifran sus esperanzas de vida digna en Colombia, es un sentimiento de desesperanza ante la situación de su país.

El drama

El día que Mileidys Fernández fue a un supermercado en el barrio Petare, de Caracas, y no pudo comprar arroz ni ‘caraotas’, tuvo conciencia de la necesidad de abandonar Venezuela en busca de un mejor futuro para ella y su hija de 18 años.

El desabastecimiento y la falta de oportunidades devenidos con el Gobierno de Nicolás Maduro, y su antecesor Hugo Chávez, obligaron a la rubia cuarentona, de ojos claros y cuerpo llamativo, a armar sus maletas e irse a Barranquilla, la considerada “capital de la Costa Atlántica colombiana”, para dedicarse a uno de los más viejos ‘oficios’ en la historia de la humanidad: la prostitución.

“Mile”, como se le conoce a su sitio de trabajo en un popular establecimiento llamado Siglo XXI, dejó a su hija Vanessa en casa de una amiga en la capital venezolana y, en promedio, una vez cada dos meses regresa a su país con dinero y productos básicos de la canasta familiar, que no se encuentran en los estantes de los supermercados en Caracas.

Según su testimonio, esta mujer jamás pensó en otros tiempos de bonanza que la prostitución sería una opción para lograr su supervivencia. “Yo trabajaba en una tienda de calzado y con lo que ganaba vivía cómodamente sin tener que entregarle mi cuerpo a nadie por unos pesos”, afirmó.

De acuerdo con la caraqueña, “en una noche yo puedo ganarme más o menos unos 240.000 pesos [80 dólares] que es un dinero que me queda libre, porque yo vivo en el mismo lugar donde trabajo para no pagar alquiler [renta]”.

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Fuente:Diario las Americas

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